Capítulo 2: Crisóstomo Ibarra - Page 2 of 2

- Permítanme Uds. –dijo- que salte por encima de las reglas de una rigurosa etiqueta. Hace siete años que falto de mi país y al volver a él no puedo contenerme sin saludar a su más precioso adorno, a sus mujeres.

Como ninguna se atrevió a contestar, se vio el joven obligado a alejarse. Se dirigió al grupo de algunos caballeros, que al verlo venir, formaron un semicírculo.

- ¡Señores! –dijo-, hay en Alemania una costumbre, cuando un desconocido viene a una reunión y no halla quién le presente a los demás, él mismo dice su nombre y se presenta, a lo que contestan los otros de igual manera. Permítanme Uds. este uso, no por introducir costumbres extranjeras, que las nuestras son muy bellas también, sino porque me veo obligado a ello. He saludado ya al cielo y a las mujeres de mi patria; ahora quiero saludar a los ciudadanos, a mis compatriotas. ¡Señores, yo me llamo Juan Crisóstomo Ibarra y Magsalin!.

Los otros dieron sus nombres más o menos insignificantes, mas o menos desconocidos.

- ¡Yo me llamo A – a! –dijo un joven secamente e inclinándose apenas.

- ¿Tendré acaso el honor de hablar con el poeta, cuyas obras han mantenido mi entusiasmo por mi patria?. Me han dicho que ya no escribe Ud., pero no han sabido darme el porqué...

- ¿El porqué?. Porque no se invoca a la inspiración para que se arrastre y mienta. A uno le han formado causa por haber puesto en verso una verdad de Pero Grullo. A mí me han llamado poeta, pero no me llamarán loco.

- Y, ¿se puede saber qué verdad era ésa?.

- Dijo que el hijo del león era también león; por poco no va desterrado. Y el extraño joven se alejó del grupo.

Casi corriendo llegó un hombre de fisonomía risueña, vestido como los naturales del país, con botones de brillantes en la pechera; se acercó a Ibarra, le dio la mano diciendo:

- ¡Señor Ibarra, yo deseaba conocerle a Ud.; Capitán Tiago es muy amigo mío, yo conocí a su señor padre... yo me llamo Capitán Tinong [25], vivo en Tondo, donde Ud. tiene su casa; espero que Ud. me honrará con su visita; ¡venga Ud. a comer mañana con nosotros!.

Ibarra estaba encantado de tanta amabilidad; Capitán Tinong sonreía y se frotaba las manos.

- ¡Gracias! –contestó afectuosamente-, pero parto mañana mismo para San Diego...

- ¡Lástima!. ¡Entonces será para cuando Ud. vuelva!.

- ¡La mesa está servida! –anunció un mozo del Café La Campana. La gente empezó a desfilar no sin que se hicieran de rogar mucho las mujeres, especialmente las filipinas.

[25] El nombre del capitán es ejemplo muy común de apodo derivado de la desinencia del nombre propio. Tinong es muy probablemente 'Florentino' o 'Laurentino.' Tondo, su residencia, era un arrabal, hoy barrio, de Manila lindante con Binondo.

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magtindá ng asín