Capítulo 61: La Caza En El Lago

- ¡OÍD, SEÑOR, EL PLAN QUE HE MEDITADO! –dijo Elías pensativo mientras se dirigían a S. Gabriel-. Os ocultaré ahora en casa de un amigo mío en Mandaluyong; [1] os traeré todo vuestro dinero, que he salvado y guardo al pie del balitî, [2] en la misteriosa tumba de vuestro abuelo; dejaréis el país...

- ¿Para ir al Extranjero? –interrumpió Ibarra.

- Para vivir en paz los días que os quedan de vida. Tenéis amigos en España, sois rico, podréis haceros indultar. De todos modos, el Extranjero para nosotros es una patria mejor que la propia.

Crisóstomo no contestó; meditó en silencio.

Llegaban en aquel momento al Pasig y la barca empezó a subir la corriente. Sobre el Puente de España corría un jinete aprisa y se oía un prolongado y agudo silbato.

- Elías –repuso Ibarra-, debéis vuestra desgracia a mi familia, me habéis salvado la vida dos veces y os debo no sólo gratitud sino también una restitución de vuestra fortuna. Me aconsejáis que viva en el Extranjero, pues venid conmigo y vivamos como hermanos. Aquí sois también desgraciado.

Elías movió tristemente la cabeza y contestó:

- ¡Imposible!. Es verdad que yo no puedo amar ni ser feliz en mi país, pero debo sufrir y morir en él, y acaso por él: siempre es algo. ¡Que la desgracia de mi patria sea mi propia desgracia y puesto que no nos une un noble pensamiento, pues no laten nuestros corazones a un solo nombre, al menos que a mis paisanos me una la común desventura, al menos que llore yo con ellos nuestros dolores, que un mismo infortunio oprima nuestros corazones todos!.

- Entonces, ¿por qué me aconsejáis que parta?.

- Porque en otra parte podéis ser feliz y yo no, porque no estáis hecho para sufrir, y porque aborreceríais vuestro país, si un día os vieseis por causa suya desgraciado: y aborrecer a su patria es la mayor desventura.

- ¡Sois injusto conmigo! –exclamó Ibarra con amargo reproche-, olvidais que, apenas llegado aquí, me he puesto a buscar su bien...

- No os ofendáis, señor, no os hago ningún reproche: ¡ojalá todos puedan imitaros!. Pero yo no os pido imposibles, y no os ofendais si os digo que vuestro corazón os engaña. Amabais a vuestra patria porque vuestro padre así os lo ha enseñado; la amabais porque en ella teníais amor, fortuna, juventud, porque todo os sonreía, vuestra patria no os había hecho ninguna injusticia; la amabais como amamos todo aquello que nos hace felices. Pero el día en que os veáis pobre, hambriento, perseguido, delatado y vendido por vuestros mismos compatriotas, ese día renegaréis de vos, de vuestra patria y de todos.

- Vuestras palabras me lastiman –dijo Ibarra resentido.

Elías bajó la cabeza, meditó y repuso:

[1] Pueblo al suroeste de la ciudad murada de Manila en la ribera norte del Río Pásig. Hoy es una de las ciudades que componen Metro Manila (área metropolitana de Manila) muy próspera, separada de Makati por el río. Ver mapa satélite.

[2] Referencia a lo narrado en capítulos 10 y 24

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