Capítulo 53: Il Buon Di Si Conosce Da Mattina

Il Buon Di Si Conosce Da Mattina [4]

TEMPRANO SE ESPARCÍA por el pueblo la noticia de que la noche anterior se había visto muchas luces en el cementerio.

El jefe de la V.O.T. hablaba de velas encendidas y describía sus formas y tamaños pero no puede decir a punto fijo el número, pero había contado más de veinte. Hermana Sipa, de la Cofradía del Smo. Rosario, no debía tolerar que se jacte solo de haber visto esta Gracia de Dios uno de la Hermandad enemiga: Hermana Sipa, aunque no vive cerca, oyó lamentos y gemidos, y hasta creyó reconocer en las voces ciertas personas, con quien ella en otro tiempo... pero la caridad cristiana, no solamente perdonaba sino oraba y callaba sus nombres, por lo cual todos la declaraban santa incontinenti. [5] Hermana Rufa no tiene en verdad tan fino el oído, pero no debe sufrir que Hermana Sipa lo haya oído y ella no; por esto ha tenido un sueño y se le han presentado muchas almas, no sólo de personas muertas sino también de vivas; las almas en pena pedían parte de sus indulgencias, apuntadas en toda regla y atesoradas. Ella podrá decir los nombres a las familias interesadas, y sólo pide una pequeña limosna para socorrer al Papa en sus necesidades.

Un muchachuelo, pastor de oficio, que se atrevió a asegurar no haber visto más que una luz y dos hombres con salakot, a duras penas escapó de palos e insultos. En vano juró; estaban sus carabaos que venían con él y podían hablar.

- ¿Vas a saber más que el celador y las Hermanas, paracmason, [6] hereje? –le decían y le miraban con malos ojos.

El cura subió al púlpito y volvió a predicar sobre el Purgatorio, y los pesos volvieron a salir de sus escondites para pagar una misa.

Pero dejemos a las almas en pena y oigamos la conversación de D. Filipo y del viejo Tasio, enfermo, en su casita solitaria. Hacía días que el filósofo o el loco no dejaba la cama, postrado por u..a debilidad que progresaba rápidamente.

- En verdad que no sé si felicitaros porque os hayan admitido la dimisión; antes, cuando el gobernadorcillo desoyó tan descaradamente el parecer de la mayoría, el solicitarla era justo; pero ahora que estáis en lucha con la Guardia Civil es inconveniente. En tiempo de guerra se debe permanecer en su puesto.

- Sí, pero no cuando el general se vende –contestó D. Filipo-; ya sabéis que a la siguiente mañana puso el gobernadorcillo en libertad a los soldados que he conseguido prender, y se ha negado a dar un solo paso. Sin el consentimiento de mi superior no puedo nada.

- Vos, solo, nada, pero con los demás mucho. Hubierais aprovechado esta ocasión para dar un ejemplo a los otros pueblos. Sobre la ridícula autoridad del gobernadorcillo está el derecho del pueblo; era el comienzo de una buena lección y la perdisteis.

- Y ¿qué hubiera podido yo contra el representante de las preocupaciones?. Ahí tenéis al Sr. Ibarra, se ha plegado a las creencias de la multitud, ¿pensáis que él cree en la excomunión?.

- No estáis en la misma situación: el Sr. Ibarra quiere sembrar, y para sembrar hay que bajarse y obedecer a la materia; vuestra misión era sacudir, y para sacudir se pide fuerza e impulso. Además la lucha no se debía plantar contra el gobernadorcillo; la frase debía ser: contra el que abusa de la fuerza, contra el que turba la tranquilidad pública, contra el que falta a su deber; y no hubierais estado solo, pues que el país de ahora no es ya el mismo de hace veinte años.

- ¿Lo creéis? –preguntó D. Filipo.

- ¿Y no lo sentís? –contestó el anciano medio incorporándose en el lecho-; ¡ah! es porque no habéis visto el pasado, no habéis estudiado el efecto de la inmigración europea, de la venida de nuevos libros y de la marcha de la juventud a Europa. Estudiad y comparad: es cierto que existe aún la Real y Pontificia Universidad de Sto. Tomás con su sapientísimo claustro y se ejercitan todavía algunas inteligencias en formular distingos y ultimar las sutilezas del escolasticismo, pero ¿dónde encontraréis ahora aquella juventud metafísica de nuestros tiempos, de instrucción arqueológica, que, torturado el encéfalo, moría sofisticando en un rincón de provincias, sin acabar de comprender los atributos del ente, sin resolver la cuestión de la esencia y existencia, elevadísimos conceptos que nos hacían olvidar de lo esencial: ¿de nuestra existencia y propia identidad?. ¡Ved ahora la niñez!. Llena de entusiasmo a la vista de más amplios horizontes, estudia Historia, Matemáticas, Geografía, Literatura, Ciencias Físicas, Lenguas, materias todas que en nuestro tiempo oíamos con horror como si fueran herejías; el más librepensador de mi época las declaraba inferiores a las categorías de Aristóteles y a las leyes del silogismo. El hombre ha comprendido al fin que es hombre; renuncia al análisis de su Dios, a penetrar en el impalpable, en lo que no ha visto, a dar leyes a los fantasmas de su cerebro; el hombre comprende que su herencia es el vasto mundo cuyo dominio está a su alcance; cansado de un trabajo inútil y presuntuoso, baja la cabeza y examina cuanto le rodea. Ved ahora cómo nacen nuestros poetas; las Musas de la Naturaleza nos abren poco a poco sus tesoros y empiezan a sonreírnos para alentarnos al trabajo. Las Ciencias experimentales han dado ya sus primeros frutos; falta ahora que el tiempo los perfeccione. Los nuevos abogados se forman en los nuevos moldes de la Filosofía del Derecho; algunos empiezan a brillar en medio de las tinieblas que rodean a nuestra tribuna y advierten un cambio en la marcha de los tiempos. Oíd cómo habla la juventud, visitad los centros de enseñanza, y otros nombres resuenan en las paredes de los claustros, allí donde sólo oíamos los de Sto. Tomás, Suárez, Amat, Sánchez y otros, ídolos de mis tiempos. ¡En vano claman desde el púlpito los frailes contra la desmoralización, como claman los vendedores de pescado contra la avaricia de los compradores, sin notar que su mercancía está pasada e inservible!. En vano extienden los conventos sus prolongaciones y raíces para ahogar en los pueblos la corriente nueva; los dioses se van; las raíces del árbol pueden enflaquecer a las plantas que en él se apoyan, pero no quitar la vida a los otros seres, que, como el ave, se remontan a los cielos.

[4] Italiano, 'el buen día se conoce desde por la mañana.'

[5] Latín, 'al instante,' 'al punto.'

[6] 'Francmasón,' mal pronunciado. A las beatas de pueblo no se les puede pedir mucha precisión en su vocabulario.

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lamáng-lupà
 

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