Capítulo 3: La Cena

Jele jele bago quiere [26]

FR. SIBYLA PARECÍA muy satisfecho: andaba tranquilamente y en sus contraídos y finos labios no se reflejaba ya el desdén; hasta se dignaba hablar con el cojo doctor De Espadaña, que respondía por monosílabos, pues era algo tartamudo. El franciscano estaba de humor espantoso, pegaba puntapiés a las sillas que le obstruían el camino y hasta dio un codazo a un cadete. El teniente, serio; los otros hablaban con mucha animación y alababan la magnificencia de la mesa. Dª. Victorina, sin embargo, arrugó con desprecio la nariz, pero inmediatamente se volvió furiosa como una serpiente pisoteada; en efecto, el teniente le había puesto el pie sobre la cola del vestido.

- Pero, ¿es que no tiene Ud. ojos? –dijo.

- Si, señora, y dos mejores que los de Ud.; pero estaba mirando esos rizos –contestó el poco galante militar y se alejó.

Instintivamente los dos religiosos se dirigieron a la cabecera de la mesa, quizás por costumbre, y como era de esperar, sucedió lo que los opositores a una cátedra: ponderan con palabras los méritos y la superioridad de los adversarios, pero luego dan a entender todo lo contrario, gruñen y murmuran cuando no la obtienen.

- ¡Para Ud., Fr. Dámaso!.

- ¡Para Ud., Fr. Sibyla!.

- ¡Más antiguo conocido de la casa... confesor de la difunta... edad, dignidad y gobierno...

- ¡Muy viejo que digamos, no!. En cambio, ¡es Ud. el cura del arrabal! –contestó en tono desabrido Fr. Dámaso, sin soltar, sin embargo, la silla.

- ¡Cómo Ud. lo manda, obedezco! –concluyó el P. Sibyla disponiéndose a sentarse.

- ¡Yo no lo mando –protestó el franciscano-, yo no lo mando!.

Iba ya a sentarse Fr. Sibyla sin hacer caso a las protestas, cuando sus miradas se encontraron con las del teniente. El más alto oficial es, según la opinión religiosa en Filipinas, muy inferior al lego cocinero. Cedant arma togae [27], decía Cicerón en el Senado; cedant arma cottae, dicen los frailes en Filipinas. Pero Fr. Sibyla era persona fina y repuso:

- Señor Teniente, aquí estamos en el mundo y no en la Iglesia; el asiento le corresponde.

Pero a juzgar por el tono de su voz, aún en el mundo le correspondía a él. El teniente, bien sea por no molestarse, o por no sentarse entre dos frailes, rehusó brevemente.

Ninguno de los candidatos se había acordado del dueño de la casa. Ibarra le vio, contemplando la escena con satisfacción y sonriendo.

- ¿Cómo, D. Santiago, no se sienta Ud. entre nosotros?.

Pero todos los asientos estaban ya ocupados: Lúculo no comía en casa de Lúculo. [28]

[26] Jerga de español mal aprendido con pronunciación china, se dice de alguien que da a entender otra cosa de la que quiere.

[27] Se traduce como 'cedan las armas a las togas,' modo elegante de expresar la primacía de lo civil sobre lo militar. 'Cottae' en la paráfrasis de Rizal, así está escrito en el manuscrito original, es incorrecto, posiblemente haya de sustituirse por 'cappae' que significa la capa de los religiosos, sotana, hábito clerical y haría más sentido. Cotta en latin es el gentilicio de una antigua familia Romana.

[28] Don Santiago se quedó sin puesto en su propia cena. Es referencia al incidente narrado por Plutarco en el que a Lúculo, militar famoso por sus muníficos banquetes, un dia que comía sólo, su cocinero le preparó una comida ordinaria excusándose en que no había invitados. Contestó Lúculo: hoy Lúculo come en casa de Lúculo, como diciendo 'vaya si tenemos invitados..' Rizal estudió latín clásico, con muy buenas notas, y en sus escritos usa con mucho acierto frases tomadas de la literatura clásica latina.

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magaán ang bibíg