Capítulo 15: El Señor Pasta

Isagani se presentó en casa del abogado, una de las inteli-gencias más privilegiadas de Manila que los frailes consul-taban en sus grandes apuros. Algo tuvo que esperar el joven por haber muchos clientes, pero al fin llegó su turno y pasó alestudio 6 bufete como se llama generalmente en Filipinas.

Recibible el abogado con una ligera tosecilla mirándole furti-vamente á los piés; no se levantó ni se cuidó de hacerle sentary siguió escribiendo. Isagani tuvo ocasion de observarle yestudiarle bien. El abogado había envejecido mucho, estabacanoso, y la calvicie se estendia casi por toda la parte superiorde la cabeza. Era de fisonomía agria y adusta.

En el estudio todo estaba en silencio; solo se oían los cuchi-cheos de los escribientes ó pasantes que trabajaban en el apo-sento contiguo: sus plumas chillaban como si riñesen con elpapel.

Al fin concluyó el abogado con lo que estaba escribiendo,soltó la pluma, levantó la cabeza y al reconocer al joven, sufisonomía se iluminó y le dió la mano afectuosamente.

— Adios, joven! pero siéntese usted, dispense... no sabíaque era usted. Y su tio?

Isagani se animó y creyó que su asunto iría bien. Contólebrevemente lo que pasaba estudiando bien el efecto que hacíansus palabras. El señor Pasta escuchó impasible al principioy, aunque estaba enterado de las gestiones de los estudiantes, sehacía el ignorante como para demostrar que nada tenía quever con aquellas chiquilladas, pero cuando sospechó lo que deél se quería y oyó que se trataba de Vice Rector, frailes, Capi-tan General, proyecto, etc. su cara se oscureció poco á poco yacabó por exclamar :

— Este es el país de los proyectos! Pero continúe, continúeusted.

Isagani no se desaminó; habló de la solucion que se ibaá dar y concluyó espresando la confianza de la juventud enque él, el señor Pasta, intercedería en su favor en el caso deque don Custodio le consultase, como era de esperar. Isaganino se atrevió á decir que aconsejaría en vista de la mueca quehacía el abogado.

Pero el señor Pasta ya tenía tomada su resolucion y era nomezclarse para nada en aquel asunto ni consultante ni con-sultado. Él estaba al tanto de lo que había pasado en Los Baños,sabía que existían dos partidos y que no era el P. Irene el únicocampeon del lado de los estudiantes, ni fué quien propuso elpase del espediente á la Comision de Instruccion primaria sino todo lo contrario. El P. Irene, el P. Fernandez, la condesa, uncomerciante que preveía la venta de materiales para la nuevaAcademia y el alto empleado que estuvo citando reales decretossobre reales decretos iban á triunfar, cuando el P. Sibyla, que-riendo ganar tiempo recordó la Comision Superior. Todas estascosas las tenía el gran abogado presentes en su memoria asíes que cuando acabó de hablar Isagani, se propuso marearlecon evasivas, embrollar el asunto, llevar la conversacion áotro terreno.

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